viernes, 12 de octubre de 2007

El “Almita del Che”

Acaba de salir publicado “Santos Famosos y otras extrañas devociones” (Cydonia, 2007), un libro en el que recopilo muchos años de investigación y documentación sobre uno de de los temas que más me han llamado la atención en los últimos tiempos: la religiosidad popular. Y es que en los albores del siglo XXI, la popularización de los medios de comunicación de masas y la fusión de los antiguos y nuevos valores ha creado toda una variopinta amalgama de nuevos santos populares, entre los que se encuentran políticos, guerrilleros, cantantes, ladrones, y visionarios. Todos ellos conforman un extraño retablo de nuevos santos a los que sus fieles le rezan y les piden favores.
Me gustaría comenzar la andadura de este blog –en el que intentaré actualizar y completar las informaciones del libro- con uno de los personajes santificados que más me ha llamado la atención y que no podía dejar de incluir en el libro: el revolucionario argentino Ernesto “Che” Guevara.
Hace tan solo unos días, el 9 de octubre de 2007, se conmemoraba en Bolivia el 40 aniversario de la ejecución del Che, tras ser apresado en la perdida localidad de La Higuera, al sureste de Bolivia. Fue una excusa para que los medios de comunicación se fijaran una vez más en este poco conocido culto que se practica en la localidad donde murió el guerrillero argentino. La agencia Efe fechaba unos días antes un teletipo en el que tímidamente daba unas pinceladas sobre este culto: “…pese a que el "Che" era ateo, su figura y su trágica muerte han alimentado una imagen religiosa suya en Bolivia, donde humildes campesinos le encienden velas y piden milagros…”.
Pero el acto que sirvió para recordar al guerrillero en el 40 aniversario de su muerte tenía otros componentes también místicos, ya que incluyó una ceremonia religiosa en la que se incluían menciones a "la resurrección del Che", con invocaciones a los espíritus a través de los "pututus", cuernos de toro usados por los aimaras, etnia a la que pertenece el presidente de Bolivia, Evo Morales. Pero nada de sectarismos, porque en la ceremonia también participaron musulmanes y católicos seguidores de la Teología de la Liberación.
Lo cierto es que el Che se ha convertido en uno de los iconos religiosos en esta localidad sacudida por la pobreza, tanto que se confunde a veces con “el Cristo de la Sierra” y “San Ernesto de la Higuera”, por lo que les piden favores al “Almita del Che”. Y para que Ernesto Guevara llegara a los altares de esta región boliviana, habrá influido su trágica muerte, la bandera idealista que enarbolaba, su preocupación por la pobreza de estas gentes, la imagen casi crística de sus últimas fotografías… y la “maldición” de todos los que intervinieron en su captura y muerte.
Este detalle, que muy bien relata Juan Ignacio Taibo en su libro “Ernesto Guevara, también conocido como el Che” (Booket, 2006), alimenta esta cara sobrenatural del guerrillero, ya que sus muertes fueron violentas quizá por las vidas convulsas que llevaban. Por cierto, quien se salvó de la maldición fue su directo ejecutor, Mario Terán, sargento del Ejército Boliviano. Paradojas del destino, o parte de la "maldición", había quedado ciego. Y hace pocos días recuperó la vista por una operación realizada por médicos cubanos afincados en Bolivia.
Por lo visto, y aunque el Che mató y mandó matar durante su etapa de guerrillero (no quiero aquí de ningún modo juzgar bien o mal sus acciones, me interesa solo tratar en este blog (y en el libro) su culto) no son esas, aparentemente, las “virtudes” que lo han elevado a los altares populares.
El culto al guerrillero argentino es uno de los aspectos de la religiosidad emergente y quizá sean parte de un santoral heterodoxo el día de mañana. Y aunque hay facetas de su vida que quizá tengan poco de cristianas, en algunas revistas dedicadas a la Teología de la Liberación he visto fotos suyas con una leyenda que rezaba: “A Dios le gustan personas como él”.
Ver para creer.

3 comentarios:

Adriana dijo...

Lo felicito por la interesante investigación sobre personalidades llamativas y el comportamiento popular que despiertan, extiendo la felicitación por la obra solidaria de la editorial.
Adriana

Mallorea dijo...

Un tema interesante, sin duda, que da mucho en qué pensar :) Siempre he opinado que los humanos hacemos a nuestros dioses a nuestra imagen y semejanza y no al contrario... ¿por qué razón santificamos a determinados personajes y no a otros? ¿se esconde tras esos idolos una pérdida de la fe en los dioses "tradicionales"? Quien sabe, tal vez sólo sea que los sentimos más cercanos y accesibles, capaces con su humanidad de compartir nuestros dolores y angustias y, por tanto, más dados a escucharnos y echarnos una manita... No deja de ser curioso :) "Cuando dejemos de creer en los dioses será porque nos hemos convertido en ellos" ¿Vamos camino de esto?

Un saludo Carlos, y suerte con este libro :D Espero leerlo y ya te comentaré.

Octavio Dopico Pérez dijo...

Hola Carlos:

Enhorabuena por tu libro, y estoy seguro de que vendrán más.

Un abrazo

Octavio